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Las notas preocupan mas a los padres que si sus hijos toman drogas.

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Las notas preocupan más a los padres que si sus hijos toman drogas

O.F.. 20.02.2008

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A los padres les quita más el sueño las calabazas y suspensos de sus hijos que las drogas o que el acoso escolar (bullying). Son algunas de las conclusiones a las que llega el estudio sobre las familias de Madrid ante la adolescencia y su educación presentado ayer por la Comunidad y realizado entre 1.433 padres y 2.699 adolescentes.La mayoría de los hogares consultados consideran el fracaso escolar de sus hijos como su principal problema (un 20,2%), por encima de otros como el respeto por las normas de casa (10,3%), el bullying (7%) y el consumo de drogas (3,1%), a pesar de que el último estudio de la Comunidad sobre el tema refleja que el 52,3% de los adolescentes consume alcohol, un 1,7% cocaína, y que un número importante fuma porros (20,4%) o tabaco (29,7%). Además, un 63,5% se muestra partidario del castigo físico o de la bofetada “en situaciones críticas” y otro 50% reconoce tener mucha dificultad para controlar a los chavales.

Menos acosadores

El bullying destaca además como una práctica cada vez menos empleada, ya que el número de abusones ha descendido, pasando del 8% de 2005 al 6% de 2007. El número de acosados, sin embargo, se mantiene en torno al 3% (del 3,7% de 2004 al 3,1% de 2007), aunque sólo el 2,44% del total de padres encuestados creían que su hijo sufría bullying.

Estos datos confirman, según la catedrática de Psicología encargada del estudio, María José Díaz Aguado, “que los padres no conocen todos los problemas reales de sus hijos, ya que los que más les preocupan son los que ellos identifican como propios y cotidianos”, afirma.

“Sin embargo”, dice la investigadora, “la situación está mejor que hace años. Ahora el 70% de las familias se muestran partidarias de una educación de calidad basada en valores democráticos como son el respeto o el diálogo entre iguales”.

CLAVES

Agresión: Así participan. Los adolescentes toman distintas posturas cuando presencian una agresión. Un 6% participa en ella, un 46,6% no hace nada “por la falta de poder”, según los expertos; y otro 47,5% ataja la situación.

Integración: Con los profesores. Las familias tienen muy buena opinión de los colegios (más del 80% están satisfechas) aunque un 30% considera que su centro no les deja participar. El mejor profesor es el que transmite motivación por lo que enseña.

Respuestas: De los familiares. El “si te pegan, pega” no ha desaparecido. Un 10,3% de las familias todavía lo usan. Aún así, el consejo mayoritario que los padres dan a sus hijos cuando son agredidos es “evitar situaciones de riesgo”.

BIO Nació en 1974 en Madrid. Actualmente presenta el programa de televisión ‘SOS Adolescentes’ de Cuatro.

Ana Isabel Sanz, psicóloga: “La autoridad no está reñida con el cariño”

Ha trabajado en diferentes instituciones públicas como mediadora familiar y educadora.

¿La bofetada aún se sigue usando con los niños?

Aunque en teoría todos los padres demuestran un alto nivel de concienciación contra la violencia, en la calle aún se sigue usando, pero no es algo efectivo.

¿Por qué?

No es que los niños se vayan a traumatizar por una bofetada, sino que con ello el padre lo único que demuestra es que ha perdido los papeles y que no tiene autoridad.

¿Qué modelo educativo es el más idóneo

No soy partidaria de aplicar el modelo autoritario de forma sistemática, pero en ciertos momentos viene bien marcar los límites, aunque nunca con violencia. La autoridad no está reñida con el cariño.

Pero la violencia no sólo se vive desde la familia.

No, hay distintas fábricas de vida. En las aulas, por ejemplo, el fenómeno del acoso no es nuevo, pero ahora se manifiesta y se expresa de otra manera.

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Entre el 3% y el 12% de los ancianos sufren vejaciones de sus familiares o cuidadores.

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Entre el 3% y el 12% de los ancianos sufre vejaciones de sus familiares o cuidadores

La negligencia es el tipo de maltrato más habitual que sufren las personas mayores.

Sara Sans | 20/02/2008 | Actualizada a las 03:31h

Hace unas semanas, la policía local H de Tarragona detuvo a una mujer de 43 años por pegar a su madre, enferma de alzheimer. No se trata de un hecho inusual. Según los cálculos de la Sociedad Española de Geriatría, entre un 10% y 12% – otros estudios abren la horquilla a entre el 3% y el 12%- de las personas mayores sufren algún tipo de maltrato, ya sea psicológico o físico.

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La prolongación de la esperanza de vida, la dependencia de mucha gente mayor (por cuestiones de salud) y el cambio del modelo y relaciones familiares explican el incremento de este fenómeno, que en muchas ocasiones permanece oculto porque se produce en el ámbito privado y porque tampoco hay suficientes mecanismos de prevención, detección y ayuda a las víctimas.

Según los datos del Departament d´Acció Social de la Generalitat, las denuncias por malos tratos a personas mayores aumenta cada año. “No es un fenómeno nuevo, y pese a la dificultad y complejidad para detectar estos casos, cada vez se visualizan más y es necesario crear herramientas para abordar el problema”, explica Carme Porta, secretaria de Polítiques Familiars i Drets de Ciutadania de Acció Social. El maltrato a los mayores (de más de 65 años) no está incluido en los supuestos de violencia doméstica y de género.

El principal escollo para abordar el problema es la falta de estudios y datos disponibles. Acció Social ha impulsado la redacción de un protocolo de actuación contra el maltrato a la gente mayor. Para redactarlo el comité de expertos se ha basado en varios estudios internacionales, de Estados Unidos, Canadá, Australia y Reino Unido y en un estudio de Barcelona, el único localizado en Catalunya y España. De ellos se deduce que entre un 3% y un 12% de la población de ancianos sufre algún tipo de maltrato, aunque sólo se denuncia un 20% de casos.

El esbozo del protocolo señala que la negligencia es el tipo de maltrato más habitual (un 55%) seguido de la violencia física (un 15%) y la explotación económica (un 12%). Como la esperanza de vida es mayor en las mujeres, ellas son las principales víctimas (un 80%). El resto (20%) son hombres. También en estos malos tratos se perciben diferencias de sexo: mientras en los hombres se dan más situaciones de negligencia, en las mujeres hay más casos de maltrato físico, psicológico, abuso material y, en menor medida, abuso sexual. Además, la mitad de las mujeres sufre varios tipo de malos tratos a la vez.

Habitualmente es la familia (cónyuges o hijos) y las personas de confianza los maltratadores. En ocasiones porque el maltratador sufre una enfermedad mental o tiene problemas de drogodependencias y convive y depende económicamente del anciano.

Tampoco es extraño que las personas que cuidan a enfermos con alzheimer o demencias seniles -a veces sus propias parejas- sufran depresiones o simplemente se vean desbordadas por falta de preparación o capacidad, y la convivencia degenere hasta el punto de producirse malos tratos. “Siempre decimos que el que cuida debe cuidarse tanto o más; necesita apoyo psicológico porque cuidar a una persona mayor con demencia senil siempre comporta un desequilibrio emocional y hay que evitar a toda costa perder el control”, mantiene Jaume Solé, presidente de la Associació de Familiars d´Alzheimer de Tarragona (AFAT). Prueba de ello es el éxito del Centre de Respir que esta asociación abrió en la ciudad, donde los cuidadores pueden dejar a los enfermos en manos de especialistas por la mañana para tener tiempo libre.

En este sentido, los expertos insisten en que el objetivo no es tanto buscar y señalar a los culpables como dar un tratamiento integral al problema. Por eso, y a diferencia de otros protocolos, este se dirige a la voluntad preventiva y paliativa. No dejar participar a la persona mayor en las actividades familiares, ponerles pañales para evitar acompañarles al lavabo, mantenerlos sujetados todo el día para que no se levanten son algunos tipos de malos tratos que tanto pueden darse en los hogares como en instituciones o centros residenciales.

“Muchas veces olvidamos la dimensión estructural del problema. Muchas víctimas no tienen ningún tipo de apoyo, ni de la familia, ni de la administración. ¿Cómo es posible que un hijo toxicómano tenga que cuidar a su madre enferma de alzheimer?”, se pregunta Mercè Tabueña, doctora en Psicología, diplomada en Trabajo Social y posgraduada en Gerontología.

Tabueña, que forma parte de la comisión que redacta este protocolo, espera que este documento sea el punto de partida para afrontar el problema. “Ahora no hay una unidad específica con líneas de intervención, los trabajadores sociales no tienen suficiente formación para detectar estas situaciones”, mantiene Tabueña. En su tesis doctoral, centrada en el estudio en sólo dos distritos de Barcelona, detectó la friolera de 178 casos de malos tratos.

“Las víctimas presentaban una alta vulnerabilidad y no tenían forma de comunicarlo, también hay que tener en cuenta las historias de cada persona”, afirma. Begoña Gutiérrez, vicepresidenta de la Sociedad General de Geriatría, insiste en este punto y en que la sociedad deje de considerar la vejez como algo improductivo y minusvalorado.