Sobre la Justicia y el Consejo General del Poder Judicial.
ARTÍCULOS DE OPINIÓN

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ENRIC SOPENA
31/03/2008
Cabos sueltos
La ciudadanía no sale de su asombro -o de su legítima irritación, que va in crescendo- al comprobar que la justicia en España se halla inmersa en un fiasco permanente, tal y como confirma el trágico caso de la niña Mari Luz, presuntamente asesinada por el pederasta Santiago del Valle, de larga, acreditada y funesta trayectoria delictiva.
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No quiere ello decir que muchos jueces y fiscales no cumplan adecuadamente con sus obligaciones profesionales, lo que hacen de forma meritoria y con elogiable rigor. Pero las equivocaciones, los errores y, a veces, la desidia o la ineptitud de algunos van extendiendo la creencia en la opinión pública de que la justicia continúa siendo una asignatura pendiente.
Pasan los años y la sensación generalizada es cada vez más negativa respecto a uno de los pilares más importantes del Estado de Derecho. Han conmocionado España las noticias estremecedoras sobre cómo es posible que un malvado que había abusado sexualmente de su hermana y de su hija, por lo que fue condenado, y que había acosado a varias menores, estuviera en libertad. Todos los delitos son repudiables, pero unos lo son más que otros.
El de la pederastia es de los más abominables. Genera una lógica alarma social porque resulta incomprensible que frente a la también denominada pedofilia o paidofilia no se produzca una reacción enérgica, sistemática y conjuntada de todos los estamentos judiciales con el fin de erradicar al máximo tamaña brutalidad. Y de proteger a los niños, desvalidos e inermes frente a los pederastas.
Casi en paralelo al asunto anterior, hemos sabido –no con menor estupor- que el actual juez instructor del Caso Malaya, Oscar Pérez, ha tomado la decisión de poner en libertad al cerebro de la trama marbellí, Juan Antonio Roca, bajo fianza de un millón de euros, aunque considere Su Señoría que el riesgo de fuga del acusado es “elevado” y que “es razonable pensar” que dispone de fondos en paraísos fiscales.
Si el mismo juez que autoriza a que salga de la cárcel Roca reconoce que el riesgo de fuga es “elevado”, ¿no parece sensato pensar que asistimos, como mínimo, a otro dislate o necedad judicial? Si Roca no huye, no pasará nada. Pero si aprovecha para poner tierra de por medio -forrado como está gracias a la corrupción gigantesca que él diseñó desde el Ayuntamiento de Marbella-, ¿no habría que exigirle, con enorme severidad, responsabilidades al juez? ¿O habría que pedírselas ya ahora?
El organismo que gobierna y controla a los jueces es el Consejo General del Poder Judicial. Se trata de una institución que debería haber sido renovada -de acuerdo con la legislación vigente- hace ya mucho tiempo y que se ha mantenido digamos que en funciones o en fase de prórroga porque el Partido Popular se ha venido negando a consensuar las modificaciones legalmente previstas.
La derecha optó por apurar hasta el máximo su mayoría, aun a cuenta del descrédito del CGPJ. ¿Qué autoridad moral pueden tener quienes han de velar por la rectitud y buen funcionamiento de la justicia, si una parte de ellos siguen en sus puestos mediante lo que cabría describir –benevolentemente- como una especie de fraude de ley?
Enric Sopena es director de El Plural
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No quiere ello decir que muchos jueces y fiscales no cumplan adecuadamente con sus obligaciones profesionales, lo que hacen de forma meritoria y con elogiable rigor. Pero las equivocaciones, los errores y, a veces, la desidia o la ineptitud de algunos van extendiendo la creencia en la opinión pública de que la justicia continúa siendo una asignatura pendiente.
Pasan los años y la sensación generalizada es cada vez más negativa respecto a uno de los pilares más importantes del Estado de Derecho. Han conmocionado España las noticias estremecedoras sobre cómo es posible que un malvado que había abusado sexualmente de su hermana y de su hija, por lo que fue condenado, y que había acosado a varias menores, estuviera en libertad. Todos los delitos son repudiables, pero unos lo son más que otros.
El de la pederastia es de los más abominables. Genera una lógica alarma social porque resulta incomprensible que frente a la también denominada pedofilia o paidofilia no se produzca una reacción enérgica, sistemática y conjuntada de todos los estamentos judiciales con el fin de erradicar al máximo tamaña brutalidad. Y de proteger a los niños, desvalidos e inermes frente a los pederastas.
Casi en paralelo al asunto anterior, hemos sabido –no con menor estupor- que el actual juez instructor del Caso Malaya, Oscar Pérez, ha tomado la decisión de poner en libertad al cerebro de la trama marbellí, Juan Antonio Roca, bajo fianza de un millón de euros, aunque considere Su Señoría que el riesgo de fuga del acusado es “elevado” y que “es razonable pensar” que dispone de fondos en paraísos fiscales.
Si el mismo juez que autoriza a que salga de la cárcel Roca reconoce que el riesgo de fuga es “elevado”, ¿no parece sensato pensar que asistimos, como mínimo, a otro dislate o necedad judicial? Si Roca no huye, no pasará nada. Pero si aprovecha para poner tierra de por medio -forrado como está gracias a la corrupción gigantesca que él diseñó desde el Ayuntamiento de Marbella-, ¿no habría que exigirle, con enorme severidad, responsabilidades al juez? ¿O habría que pedírselas ya ahora?
El organismo que gobierna y controla a los jueces es el Consejo General del Poder Judicial. Se trata de una institución que debería haber sido renovada -de acuerdo con la legislación vigente- hace ya mucho tiempo y que se ha mantenido digamos que en funciones o en fase de prórroga porque el Partido Popular se ha venido negando a consensuar las modificaciones legalmente previstas.
La derecha optó por apurar hasta el máximo su mayoría, aun a cuenta del descrédito del CGPJ. ¿Qué autoridad moral pueden tener quienes han de velar por la rectitud y buen funcionamiento de la justicia, si una parte de ellos siguen en sus puestos mediante lo que cabría describir –benevolentemente- como una especie de fraude de ley?
Enric Sopena es director de El Plural