Olegario, el último mohicano de la UGT y el 7º de Caballeria.

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Cuando las personas no cambian de ideología en aquello que és fundamental y mantienen en alta estima los valores que hacen del hombre persona con toda su dignidad, es posible que Davíd derrote a Goliath, que el respeto al debil sea superior al que se le profesa al fuerte y que la razón y la justicia caigan del lado del teson y la constáncia como contrapunto a la altaneria y el sentido de propiedad sobre las personas.

Estamos asistiendo, con preocupación, a los estertores de la desaparición de la industria tradicional de la comarca de La Costera; primero fué Ferrys, despues siguieron desde 1995 en un goteo drámatico para las familias asalariadas, Rodrigo Sancho, Cerdá, Argent, Impelsa que arrastraron con ellas a centenares de empresas diminutas y subsidiarias que incrementaron de una manera exponencial la economía sumergida generando unos costes a la Generalitat Valenciana y al Estado que no se han podido recuperar ni siquiera con el boom del ladrillo. Ahora, Royo, la empresa más importante de L’Alcúdia de Crespins, comienza su tercer Expediente de Regulación de Empleo que dejará en su casa a unas cuantas decenas de trabajadores que tendrán que pasar a engrosar la nómina que desembolsa la Seguridad en base a los pactos alcanzados entra los trabajadores, sin representación de los sindicatos mayoritarios, y los representantes de la empresa.

No voy a entrar juzgar las razones que llevan a esta situación a una mercantil con una poténcia industrial y comercial reconocida internacionamente, pero si que quiero apostillar que la evidéncia nos dá como resultado lo que ya sabíamos como experiencia: que, cuando se han sucedido crisis más virulentas que esta, la estructura empresarial industrial ha aguantado en base a los bajos salarios, los horarios intensivos, las condiciones de trabajo precarias y la progresiva diversificación de los mercados de peraciones. Poco a poco, de manera imperceptible se han cerrado una docena de industrias y se han destruido en la comarca más de 12.000 puestos de trabajo directo e indirecto.

El colchon amortiguador a la crisis industrial ha sido el ladrillo, la burbuja inmobiliaria en la que nos hemos encontrado directa o indirectamente a los mísmos empresarios que cerraban sus factorias que, con una recalificación de suelo urbano industrial a suelo urbano residencial han incrementado su valor patrimonial, sus plusvalias producto de su participación en el desarrollo urbanistico y sin la carga de los trabajadores que movian sus vidas al compas de los turnos que marcaban las agujas del reloj y la sirena.

Primero eramos empresarios y trabajadores industriales, después con la política de promoción turistico-especulativa del PP nos teniamos que convertir en camareros, azafatas de eventos internacionales o recepcionistas de hotel y, por ultimo nuestra gente paso a engrosar la pleyade de albañiles y profesionales del sector que han saltado por los aires por el efecto mariposa del estallido de las hipotecas basura de Estados Unidos y el frenazo en un sector desbocado de urbanismo sin control y una construción sin planificación estratégica.

¿Que tenemos ahora?. Industrias cerradas, bolsas de suelo imposibles de edificar, centenares de viviendas en un mercado sin demanda, familias endeudadas, crisis hipotecária, restricción general de creditos y de financiación y la gente absolutamente desmovilizada, abducida por unos habitos de consumo perversos y con un nivel de respuesta a la situación que tiende a cero a pesar de las inyeciones de medidas sociales que está impulsando sin descanso el Gobierno de España desde 2004.

Y en estos dias de lamentos y loas, me quedo con Olegario, mi amigo y compañero que un día de manera espontánea corrió como un gamo detras de una persona que me seguía sin buenas intenciones en aquellos tiempos de mi primer mandato como alcalde y que quedó disuadida al momento al ver el corpachón de Olegario; mi compañero de sindicato que me contaba sus diatribas y discusiones desde la escualida minoría de un Comité de Empresa que, paradojicamente, presidia el patron y aquel Olegario que hace solo unos meses llegaba alborozado a mi casa para darme como un regalo dominical, la fotocópia de la sentencia del Juzgado de lo Social que le daba la razón y le reconocía su dignidad de persona y de trabajador asalariado.

Por eso puedo decir hoy que me duele tanto enfrentamiento y tanta rencilla que se han producido en este pueblo entre partidarios y detractores de quienes hoy, seguramente con motivos más que justificados, echan el cierre y a otra cosa mariposa. Es inevitable pensar en terminos de desventaja de la clase trabajadora y, también, acordarme de los descalificativos que recibí cuando comenzamos a construir el Polígono Industrial más barato de la provincia de Valencia y al que, según los agoreros del PP, no tenian que ir ni las águilas; hoy, tendrán que reconocer que no solo no fué así, sino que el actual alcalde del Partido Popular está pidiendo la inmediata aprobación del PGOU para proceder, por su ubicación estratégica, a su ampliación y comenzar un proceso de readaptación de sectores económicos y crear empleo localizado en L’Alcúdia de Crespins.

Este es un escrito doliente en el que le deseo lo mejor a los titulares de una empresa que ha marcado para bién y para mal la vida económica y social de este pueblo. Ya nada es igual. Ya se ha borrado del suelo del patio de la fábrica aquella temible línea letal para quien la cruzara y que se trazó en el único paro desesperado de los trabajadores una noche de verano trabajando a 42 grados de temperatura. Ya no quedan ni sindicalistas y los que lo fueron se han ido disolviendo como un azucarillo en el agua. Hoy, por encima de todo, me quedo con la firmeza, la bravura y la sensatez de Olegario, un hombre claro de grandes manos que hablan de energía y amistad. Hoy, es el símbolo de la resistencia y una de las personas en las que más pienso cuando, después de tantos años de batallar por los valores de la izquierda, me asalta la tentación del abandono; porque de todo esto he deducido que pueden pasar las cosas, las circunstancias, los gobiernos, las situaciones vitales, pero algo queda siempre enhiesto y clavado en el suelo, en el centro de la vida: el valor de la dignidad y el compromiso social con los más desfavorecidos.

Olegario es, sin duda el ultimo mohicano que ha logrado mantenerse firme ante el 7º de caballeria. Tu ejemplo te honra y dignifica la acción sindical y el trabajo político.

Vicent Vercher Garrigós. 

Acerca de Vicent Vercher Garrigós

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